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La evolución de las dos ruedas se llama ARC Vector

La frase “el futuro es hoy” puede ser utilizada en este caso, donde vemos la motocicleta más moderna del mercado, que tiene todo lo que podría esperarse de una máquina futurista. Y llega nada menos que de la mano de Jaguar Land Rover.

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La frase “el futuro es hoy” puede ser utilizada en este caso, donde vemos la motocicleta más moderna del mercado, que tiene todo lo que podría esperarse de una máquina futurista. Y llega nada menos que de la mano de Jaguar Land Rover.

La mayoría de las veces cuando hablamos “motos del futuro”, son prototipos que en casi ningún caso llegan a venderse en serie. Pero en este caso es diferente, porque la Arc Vector se presentó en el Salón EICMA de Milán, bajo la firma InMotion Ventures, de Jaguar Land Rover. Se producirán 355 unidades, en principio, y el precio por supuesto que es acorde a la exclusividad de este ejemplar, se venderá a 103.000 euros.

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La tecnología al servicio de la moto

Mark Truman es el ingeniero y mente creadora de este espécimen de dos ruedas que ya de que hablar en todo el mundo. La Arc Vector tiene una estética bien futurista, y obviamente está equipada con todo tipo de electrónica que la hace una verdadera moto del siglo XIX.

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Entre sus detalles resalta el motor eléctrico que acelera de 0 a 100km/h en unos 2.7 segundos, mientras que su velocidad máxima es de 241 km/h. El propulsor cuenta con una increíble potencia de 127,4 cv (o 95kW que sería lo mismo). Dadas las cifras la batería permite una autonomía de 274 kilómetros en ciudad, o 193 kilómetros en ruta. Por supuesto la batería funciona con el sistema de recuperación de energía en frenada, por ello su duración se extiende en el ámbito urbano.

Pero también llama mucho la atención el diseño de la máquina, donde vemos ordenados los elementos, como la batería y motor, dispuesto de forma muy compacta. Además su cuerpo fue fabricado en fibra de carbono, lo que baja considerablemente el peso de la moto, según exponen es un 25% más liviana que los ejemplares de la competencia. Sumando que Arc Vector se equipa con componentes premium, con las suspensiones Öhlins y frenos Brembo, colocados de forma vertical.

La híper-conexión

Pero no todo es estética futurista y motor poderoso, esta máquina tiene un sistema de alta tecnología para que todo esté conectado. La motocicleta no se vende sola, si no que viene con casco y cacheta propios, que están específicamente fabricados para funcionar unidos a cada ejemplar.

El casco ‘Arc Zenith’ tiene una pantalla donde se proyecta la información más importante, para que el motociclista la tenga a la vista. Además el casco viene con cámaras traseras incluidas, que detectan quién viene atrás. Se maneja por voz del usuario o desde la moto, por WiFi. El dispositivo fue elaborado en conjunto con Hedon, que hace sistemas parecido para los pilotos de avión.

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Mientras que la chaqueta especial para usar con la Arc Vector, también está conectada. Entre sus funciones se destacan un sistema de vibración cuando se detecta que alguien se acerca por atrás, además de que sincroniza la música que se está reproduciendo y vibra al compás del sonido.

Su ideólogo, Mark Truman, declaró sobre la híper-conexión: “la tecnología te permite concentrarte en la carretera y disfrutar del momento sabiendo que la moto te ofrece la información que necesitas”.

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La Honda Africa Four, una increíble cruza de CRF450R y CB1000R

Los chicos de Brivemo Motos tomaron una Honda CB1000R y la convirtieron en una bestial máquina para motocross. Por supuesto, se inspiraron en la mítica Africa Twin.

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Usar una tetracilíndrica para andar por la tierra, el barro, o dando saltos en dunas, es cuanto menos curioso. Pero a los suizos de Brivemo Motos (concesionario oficial de la marca del ala), se les ocurrió que sería muy divertido cruzar a una Honda CRF450R y una Honda CB1000R. Así fue como nació la Honda Africa Four, con la estética inspirada en la Africa Twin Adventure Sports.

Creación y detalles de la bestial cross

En realidad, la diversión no es la única razón por la que construyeron esta especial criatura. Si no también porque Brivemo Motos realiza cada año una especial competencia en Marruecos, el Brivemo Africa Twin Raid, que es exclusiva para sus clientes. Para promocionar este rally, decidieron construir la Honda Africa Four.

La máquina se basa en la CB1000R, y hereda de la CRF450R el esquema de suspensiones. Como vemos en las fotos, la mayor de Neo Café Sports de Honda está irreconocible, y para un despistado podría pasar por una versión extraña de la Africa Twin, dado su diseño.

Suma en el eje frontal una frenada especial, compuesta por un disco lobulado, mordido por una pinza roja de cuatro pistones. Mantiene las llantas de serie, pero no los neumáticos, que son unos Continental TKC 80 de tacos. El caño de escape es un 4-1 elevado, sin catalizador y con silenciador de fibra de carbono, anclado en las estriberas que solían ser para el pasajero; ya que se equipa con un colín monoplaza.

También tiene nuevo manillar, ahora de aluminio, y guardabarros delantero, agrega defensas de motor, cubre manetas, protector de radiador, estriberas dentadas, e intermitentes LED. Mientras que su motor es el potente cuatro cilindros de la CB1000R, que termina por cumplir con una potencia de 145 CV, y funciona con acelerador electrónico, control de tracción/freno motor y los 4 modos de conducción (Rain, Standard, Sport, User).

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Colonel Butterscotch: la Suzuki Bandit 1200 de Icon 1000

Icon 1000 decidió unir a sus tropas a una Suzuki Bandit 1200 de 1999, para ello la transformó y renombró como “Colonel Butterscotch”, una exquisita custom café racer retro.

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La gente de Icon 1000, firma que se dedica a la indumentaria retro y la customización, tomó una maltrecha Suzuki Bandit 1200 de 1999 y la convirtió en eso que vemos en las fotografías. Exactamente el proyecto se basó en reinventar la motocicleta para volverla a la vida, pero bajo el nombre de Colonel Butterscotch o Coronel Caramelo. Aclaración: butterscotch es una golosina que se hace a base de azúcar negra y mantequilla de maní, muy común en EEUU e Inglaterra. Su color es amarillento, igual que esta personalización.

Reinventar para ganar

El espíritu deportivo del ejemplar se inspira, según su creador, Kurt Walter, en que “cualquiera puede ganar, pero los verdaderos ganadores se definen por su capacidad de perder y recuperarse lo suficiente como para volver a correr”. Ya que la máquina que sirvió como base estaba prácticamente destruida después de un accidente. También, a causa de eso quedan muy pocos elementos de la original en esta reconstrucción.

El motor es el mismo que el de la Suzuki Bandit 1200, un tetracilíndrico que llega a los 100 cv de potencia. Pero fue actualizado con diferentes piezas, como los carburadores Mikuni y filtros K&N. Además el escape 2-2, con una salida lateral y otra abajo del colín, que tiene nuevos silenciadores, para emitir menos gases.

Al salir del taller de Portland, Oregon, la Colonel Butterscotch, se vistió de amarillo con blanco, más unas calcomanías para acentuar su costado vintage. Así como sumó suspensiones nuevas, una horquilla regulable, proveniente de una Triumph Daytona, dos amortiguadores ajustables Nitron hechos a medida, y un basculante de aleación de aluminio heredado de una Kawasaki ZRX1200.

Para seguir la línea estética se le colocaron las llantas de aluminio Comstars de una Honda VF1000R, con neumáticos Avon, 16 pulgadas en la delantera y 17 en trasera. Por supuesto, Icon realizó a medida para completar el estilo retro, una cúpula con dos faros, un tanque de combustible, el colín, y el semicarenado.

Bastaron seis meses para que la Suzuki Bandit 1200, que había terminado perjudicada por accidente, resurgiera de sus cenizas para transformarse en la excelente Colonel Butterscotch, lista para dominar cualquier pista.

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La Böhmerland: no todo tiempo pasado fue mejor

Para quien desconoce este modelo, podría llamarle la atención la elección de colores o el diseño. Si es más observador, se fijará en su mecánica. Pero sus extrañezas van mucho más allá.

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Dentro de la historia de la industria de las motocicletas, en su mayoría vemos fábricas que quebraron después de la Primer Guerra Mundial o la Segunda; por el claro contexto que suscitaron ambos hechos. En el caso de la Böhmerland Motorcycle Company, hablamos de una empresa que vivió justamente entre esos dos hitos bélicos.

De rarezas y algo más

Esta compañía de Checoslovaquia comenzó a producir en 1924, realizó los modelos más extraños del mercado hasta su cierre, en 1936, después de la ocupación alemana al inicio de la Segunda Guerra. Uno de los ejemplares más conocidos hechos por marca fue la moto más distancia entre ejes, nada menos que 3.2 metros.

El diseñador de las extravagantes máquinas era Albin Hugo Leibish, un mecánico de motocicletas que tenía demasiada imaginación. Además contaba con la ayuda del piloto Alfred Hielle, que costeaba las creaciones de la firma, que se caracterizaban principalmente por su tamaño alargado.

La Böhmerland lucía un gran bastidor de acero, donde se alojaba el motor monocilíndrico de 598 cc, OHV, su potencia era de 16 cv, que alcanzaba a las 4.000 revoluciones. El primer ejemplar fue un prototipo construido en 1922, y comenzó a producirse en serie tres años después. En el mismo momento de la inauguración de la fábrica se presentó el modelo con sus tres versiones: Sport, con dos asientos; Touren, con tres; y Langtouren, con cuatro.

En Checoslovaquia se la conocía como “Cechie”, y sus características insólitas eran varias, por ejemplo que en su construcción trabajaban 20 personas. Además el chasis era dúplex, tenía barras tubulares de refuerzo tanto de forma vertical como horizontal. Por supuesto, era muy resistente, y así como entraba el propulsor, por encima podían subirse hasta tres personas (una sobre la rueda trasera). Aunque no conforme con tener espacio para tres, también tenías posibilidad de sumar un sidecar para sentar a uno más.

Por si esto puede parecer poco, esta extraña motocicleta estaba equipada con llantas de aluminio fundido (50 años de que se hiciera popular), y calzaban unos neumáticos de ¡27 pulgadas! A parte, para que funcione semejante máquina se necesitaba un lugar para depositar el combustible, no conforme con un tanque, tenía 3 cilindros, cada uno de 5 litros. Dos de ellos se situaron a los costados del segundo asiento, y otro más abajo del chasis.

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