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Viaje de Santa Fe a Uruguay en primera persona

Anteriormente la santafesina Lisi Lanzamidad nos había contado su odisea para llegar a Ushuaia en moto, ahora nos cuenta su viaje a Pueblo Garzón, Uruguay.

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Anteriormente la santafesina Lisi Lanzamidad nos había contado su odisea para llegar a Ushuaia en moto, ahora nos cuenta su viaje a Pueblo Garzón, Uruguay.

Origen: Santa Fe, Argentina

Destino: Pueblo Garzón,Maldonado, Uruguay

Fue en 2014 cuando Lisi, acompañada por su Honda invicta, se propuso llegar a Uruguay. Acá nos recuerda porqué eligió ese lugar y brinda recomendaciones para quienes quieran realizarlo.

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¿Cuándo tomaste la decisión de realizar el viaje?
Después de varios años de haber vendido mi primera moto, sentí la necesidad de volver a las dos ruedas. Tenía algunos viajes en mente, más que nada por trabajo, así que junté mis ahorros y fui por una moto que sea cómoda, rápida, económica, segura y fácil de manejar tanto en ruta como en la ciudad. Así fue que me encontré con mi Honda Invicta, una moto que carece de buena fama pero si te subís a una…no te bajás más.
Desde que lo decidiste ¿cuanto tardaste en llevarlo a cabo?
No me llevó tiempo para pensarlo, me entregaron la moto, hice los bolsos y partí.
¿Cuánto duro el viaje?
El viaje duró unos meses ya que fui por trabajo. La ventaja de viajar en la moto fue que en cualquier momento libre podía subirme a la ruta y conocer playas y pueblitos en poco tiempo.
Llegar a destino fue fácil, saliendo temprano a la madrugada y viajando tranquila, parando para descansar llegue al pueblo a la tardecita.
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Uruguay es un país hermoso y tiene rutas en general en buen estado. Los paisajes acompañan al viajero mientras transita su aventura. Pasás por campos verdes e infinitos mientras subís y bajás por las sierras, atravezás pueblitos pintorescos y de pronto te subís a una autopista que te lleva a la gran ciudad. Ahí te encontrás con la metrópolis, gente, autos, bocinas, semáforos pero en un ratito más salís nuevamente a las colinas.
Una vez instalada en Pueblo Garzón, me dediqué a mirar mapas, rutas y destinos. Aprovechando las cortas distancias recorrí las Sierras de Garzón, Punta del Este, la Barra, José Ignacio, Laguna Garzón, La Pedrera, La Paloma, Cabo Polonio, Valizas, Punta Diablo, hasta llegar al Chuy límite con Brasil.
¿Qué fue lo mejor que conociste?
 Es indiscutible, las Playas y paradores de la costa uruguaya son preciosas pero sin dudas las colinas de Garzón tienen un encanto único. Los paisajes que se forman, los atardeceres y la aventura de transitarlas fueron lo mejor del viaje.
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¿Qué imprevisto tuviste que resolver?
Por suerte y gracias a las precauciones previas a viajar, no tuve imprevistos. La moto respondió muy bien frente a diversos climas y terrenos, las rutas pavimentadas que transité en su mayoría estaban en excelente estado.
¿El mejor recuerdo que te dejó la aventura?
La sensación de placer al transitar una ruta bien señalizada, rodeada de árboles y paisajes verdes.
¿Conociste a alguien en el camino?
En el camino no, pero sí me recibieron mis colegas y amigos residentes de Garzón con mucha alegría.
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¿Volverías a ese lugar?
Volvería mil veces
¿Que le recomendarías a quienes quieran hacer el mismo destino?
El clima puede ser muy cambiante en algunas épocas del año por lo que recomiendo tener a mano el traje de lluvia. Por lo demás no hay mucho de qué preocuparse, las personas en el camino son muy amables y predispuestas, las rutas muy bien señalizadas.
Sólo hay que trazar el camino ¡y disfrutarlo!
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El motociclista que lleva su arte por el mundo

Este africano solamente carga lienzos, pinturas, pinceles, y algo de efectivo. Con eso le alcanza para querer conquistar con su arte el viejo continente. Conocé su historia.

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Reggie Khumalo nació en Johannesburgo, Sudáfrica, hace 32 años, y hace nada más que dos decidió mantener vivo el arte de su lugar de origen, el ubuntu. Un concepto ancestral que se basa en el bantú, que se traduciría como “Yo soy porque tú eres” o “Yo soy porque somos”. O como lo explicó Nelson Mandela: “ese profundo sentimiento africano de que solo somos humanos a través de la humanidad de otros seres humanos”.

Bajo ese pensamiento Khumalo se lanzó a la aventura por las rutas de África mostrando sus pinturas. Si bien este hombre nunca estudió arte, siempre utilizó los dibujos como medio para expresarse, además fue elegido por la ONG sudafricana African Women Chartered Accountants (AWCA), para entrar en un programa de mentores.

En una entrevista con la agencia de noticias Efe, comentó: Durante mi viaje, me encontré de repente con el ‘ubuntu’: me quedé impresionado, la gente me acogía en sus casas, me daba comida, me dejaba acampar en sus jardines”. De esa forma Reggie recorrió Sudáfrica Lesoto, Botsuana, Zimbabue, Mozambique, Malaui, Tanzania y Kenia.

Por supuesto que no hay que dejar de aclarar que lo hizo a lomos de una BMW F650GS. En esa misma máquina de dos ruedas todoterreno tiene planeado finalizar su segunda travesía, que consta de un viaje por Europa. La primera parada es la capital holandesa, Amsterdam, donde ya estará exponiendo sus pinturas ubuntu.

Reggie explica “creo que sí que existe una identidad africana, pero no se practica los suficiente y se ha perdido el orgullo de pertenecer a ella”. Sin embargo, también se emociona al pensar en todas aquellas personas que lo ayudaron a sobrevivir en su primer viaje. Además de quienes le prestaban un lugar en su casa, se acuerda de los oficiales de las fronteras, que muchas veces le ofrecían pagar los impuestos aduaneros para que pudiese pasar su motocicleta. Al momento que dice: “recuerdo conducir alejándome de la frontera mientras lloraba por la emoción y, justo después, cruzarme con un elefante en la carretera y mirarnos”.

Para este artista el viaje por África fue “el más poderoso”, ya que le demostró el auténtico ubuntu de la sociedad. Tanto lo bueno, como la solidaridad, como lo malo, el racismo o el sexismo. Con todos esos sentimientos realiza sus pinturas, donde combina retratos con frases y explica “definitivamente, el arte tiene un papel político y puede hablar por toda la comunidad”.

En sus lienzos puede leerse por ejemplo: “Ubuntu está vivo”, “África unida” o “La empatía es el nuevo amor”. Esas mismas obras son vendidas por Reggie, y con esa plata pudo financiar desde un comedor escolar hasta la escolarización de muchas niñas de Sudáfrica.
Ahora Reggie Khumalo llegará al viejo continente, con su arte, su BMW y menos de 50 euros. Al mismo tiempo que afirma con orgullo: “No estoy buscando la aprobación de Europa, sino expandiendo el mensaje africano”.

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El motociclista que abrió una fundación y ayuda a los abuelos

Cansado de recorrer con su motocicleta las calles de Bogotá (Colombia) y ver como los ancianos mendigaban, Carlos Enrique Tobón decidió abrir su propia fundación para ayudarlos. Así es la vida de este motoquero solidario.

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Carlos Enrique Tobón nació en Antioquia, pero la vida como misionero lo llevó a instalarse en la capital de Colombia, Bogotá, en 1997. Desde siempre suele pasearse por la ciudad en su motocicleta, así es como conoció a todos los adultos mayores que hoy viven en su fundación.

Este motociclista tiene una gran vocación solidaria, y su profundo pesar por la vida que llevan los ancianos lo hizo comenzar su aventura. En los barrios más pobres de la capital colombiana, Carlos vio “cómo sufrían muchas poblaciones, pero, en especial, los abuelos”.

Al darse cuenta que estaban prácticamente en el olvido y viviendo en las calles, decidió poner manos a la obra. “Ahí surgió la idea de montar una fundación”, según cuenta, refiriéndose a la Fundación Social Abran a Jesucristo, que ya tiene tres años de existencia.

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La misma es una residencia para ancianos, que funciona en barrio Lourdes de Bogotá. Donde Carlos arregló cada detalle con sus propios ahorros, desde realizar un segundo piso, hasta cambiar todas las tejas del techo, y colocar rampas para facilitar el movimiento de las personas mayores.

“Yo me la paso para arriba y para abajo en mi moto y ahí es cuando más abuelos veo en la calle. Le puedo decir que de 100 que hay, solo 4 o 5 quieren estar institucionalizados”, cuenta apenado este motociclista. Para luego explicar que la razón de no hacer es la limosna, ya que pueden llegar a juntar unos 72.000 pesos colombianos por día (más de 800 pesos argentinos). Sin embargo, algunas veces les permiten a los ancianos salir, pero al mismo les pueden restringir las salidas para que no corran riesgos, si los ven desmejorados de salud. Aunque las puertas del hogar están abiertas de 8 a 22 horas, para que quienes estén bien, tengan libertad de entrar y salir como gusten.

Por supuesto que en varias ocasiones los adultos mayores temen cuando Carlos les habla en la calle. Por ejemplo, recuerda el caso de un hombre “Me di cuenta de que era ciego, le pregunté a dónde iba. Me respondió que qué me importaba, que si lo iba a robar, que a él solo lo paraban para robarlo”. Ese mismo abuelo, hoy vive en la fundación, “es un señor muy agradecido, ha mejorado muchísimo. Se logró una dilatación de sus pupilas y ya ve unas sombritas. Le estamos tramitando una operación”.

En la casa actualmente están viviendo 21 ancianos, y entre todos funcionan como una gran familia, incluso los abuelos que están en buenas condiciones físicas ayudan en los quehaceres. Pero Carlos es quien saca de su bolsillo para mantenerlos, costeando todo lo que puede. Este motociclista ejemplar cuenta “alimentar a 21 personas cada día con los cinco golpes diarios no es fácil, y pagar los recibos de los servicios que consumen, mucho menos. Esto es amor”. Mientras que una de las mujeres del hogar lo mira con cariño y dice “Ese es así, le gusta ayudar, aunque no tenga”.

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Vídeo: esta es la gran diferencia entre un amateur y un piloto

Este tipo de cosas pasan cuando un piloto rueda en pista con otros motociclistas, que por más moto que tengan, no tienen la preparación de un profesional.

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Este tipo de cosas pasan cuando un piloto rueda en pista con otros motociclistas, que por más moto que tengan, no tienen la preparación de un profesional.

Seguramente más de una vez mediste tu velocidad con otro motociclista, sea amigo o no. Si pudiste ser parte de alguna clínica de motos, o de un SBK Track Day, tuviste la oportunidad de correr en un circuito. Pero si nunca rodaste a la par de un piloto, este vídeo te va a dar una gran enseñanza.

Es común que en las clínicas de manejo se separe a los conductores por la cilindrada de motocicleta, y algunas veces por las capacidades o velocidades de cada uno. En este vídeo vemos un caso muy particular, porque uno de esos motociclistas le pasa el trapo a los demás.

La grabación es un on-board desde una Yamaha YZF-R6, y podemos disfrutar la manera en la que va pasando a todos los demás, como si fueran conos en el asfalto. El encargado de ir a tanta velocidad es un joven piloto francés de 20 años, Corentin Perolari.

Para los que no lo conocen, este chico fue campeón de la Yamaha YZF-125R Cup en 2012, luego corrió en la Red Bull Rookies Cup, más tarde en FIM CEV, y en el Mundial de Resistencia; hasta llegó a participar de algunas carreras de Moto2. Este año estuvo presente en el Campeonato del Mundo de Supersport (que se corre junto al WolrdSBK), y seguirá corriendo en 2019.

Con ese curriculum es de esperarse que haga este tipo de cosas cuando el resto de los pilotos en pista son amateurs.


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