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Raúl y su especial viaje hasta Colombia para ver a River

En 2018 el motociclista cordobés emprendió un recorrido que lo llevaría hasta Bogotá, Colombia, para ver al club de sus amores. Pero también por la memoria de su hermana fallecida.

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La semana pasada compartimos la historia de Solana y Santiago, dos tucumanos que viajaron a Bolivia para ver a Atlético de Tucumán. A leerlo en las redes sociales de Gente de Moto, Raúl Sampaolesi no dudo en contarnos su propia experiencia. Este motociclista, oriundo de Laguna Larga, Córdoba, hizo su propio viaje para ver a River en la Copa Libertadores 2018.

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#river #copalibertadores

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“La idea era ir en moto a ver River lo más lejos posible en Sudamérica por la Libertadores”, nos dijo Raúl, que añadió: “Justo se dio que planeaba ir hasta Ecuador y Colombia en moto en 2018 y River estaba en fase de grupos con Emelec de Guayaquil e Independiente Santa Fe de Bogotá.

El viaje de ida no lo hizo solo, “estaba programado con Juan Sala y Rafa Aguada que fueron hasta Alaska”; y además “allí nos recibió Ariel Gerardo Soto (El motonauta) a quien invité ir al campín donde jugaba River”. Pero Raúl nos aclaró que no era la primera vez que hacía un recorrido con su moto, ya que tiene más de 75.000 km andados, y nos enumeró: “Machu Picchu en 2012, Ushuaia en 2012, Ruta 40 en 2013, Cruce de los andes por Agua Negra, Pircas negras y San Francisco en 2014, Carretera austral en 2016 y travesías a las sierras cordobesas, entre otros viajecitos”.

Este recorrido hacia Bogotá para ver River lo hizo con su Honda NX4 Falcon 400, modelo 2011. En los 15.000 km de viaje, Raúl comentó que junto a sus compañeros “cruzamos por Jama, el desierto de Atacama, toda la costa de Perú y la cordillera Ecuatoriana. En Colombia recorrimos el eje cafetero y recalamos en Bogotá 2 días antes de partido”.

El motociclista, dueño de una fábrica de aberturas de aluminio, confesó que si bien tenía programado ver dos encuentros de River, solamente pudo estar presente en uno: “Al partido en Guayaquil no llegué porque el viaje se pospuso una semana por el fallecimiento por cáncer de mama de mi hermana Flavia de 44 años. Eso me dio más impulso para hacer la travesía, porque a la vida vinimos a ser felices y hay que vivirla intensamente”.

Fueron “40 días entre ida y vuelta, regresando por el Putumayo colombiano y la Amazonía ecuatoriana”. Desde Colombia debió regresar solo, y en esa experiencia fue una de las más fuertes de todo su viaje “lo más duro… cruzar el Chimborazo en Ecuador con Lluvia. Estuve con hipotermia y me salvo un caldo de gallina que me sirvieron en un comedor en la ruta”.

Pero también tuvo otras experiencias únicas, como entrar a nuestro país “por Paso los Libertadores ya nevado a finales de Mayo”, o “dormir en un conventillo en el barrio de la Tola en Quito”, así como “en una casita de madera aglomerada en Agua Verde, pleno desierto Atacama”.

Para terminar, Raúl nos asegura que las excursiones “súper recomendadas” son a las “Líneas de Nazca y Huacachina en Perú”. Y nos comparte sus canal de Youtube, donde subió 7 vídeos, en forma de capítulos de este viaje inolvidable para ver a River, y también en homenaje a su hermana: Click para ver la experiencia del viaje.

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La Norton ES2 de 1949 que rueda por las calles de Banfield

Horacio Sánchez nos dio la bienvenida en su taller mecánico y de restauración. Nos contó sobre su preciada Norton y además de su época como piloto de motociclismo.

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El fin de semana largo aprovechamos para dar una vuelta por el taller de Horacio Alberto Sánchez, para preguntarle sobre la invaluable Norton ES2 con sidecar, modelo 1949, que restauró. La máquina fue puesta a punto y anda como si fuese nueva (incluso tuvimos el placer de dar una vuelta en ella).

“La compré hace unos 16 o 17 años atrás, a un tipo que la tenía abandonada en el fondo de la casa”, comienza a contar: “La empezamos a restaurar, pintamos, lustramos, se le hizo el motor, la caja, el embrague; se pintaron las llantas como vienen de fábrica, el tanque cromado, todas las insignias; fabricamos el inflador, que no estaba”. Según nos dijo, el inflador tuvo que fabricarlo en el negocio “nos juntamos entre tres, uno dijo ‘bueno yo quiero dos’, ‘yo quiero otros dos’, nos pusimos y lo hicimos, un rato cada uno, haciendo una vaquita para juntar la plata para comprar los materiales”.

Nos comenta que “se desarmó íntegra, hubo que hacer algunas reparaciones en el cuadro. Restaurar todo, porque todo estaba gastado, oxidado, algunas cosas hubo que tirarlas y comprarlas nuevas”. A lo que añade: “Algunas cosas traje de afuera, pero algunas las compramos de acá, con gente que las hace muy bien, faroles, manijas, el pulsador de la bocina”.

“Tardé un año y medio, pero haciéndole todos los días cosas, para que quede bien. El motor la parte de arriba se hizo completa, la de abajo la desarmamos, pero estaba bien. Le hicimos la caja completa, los bujes, el embrague, y toda la tornillería se puso de acero inoxidable”, relató Horacio, y resaltó: “tiene una caja que tiene el cambio medio largo, es por ahí más lenta que una BSA, que yo tuve y era más rápida”. Claro, está Norton no es la primera moto que tiene y restaura, ya que según nos comenta “hace poco vendí una Alpino 175”, y suma otras motocicletas: “un par de Siam 48, una Puma Primera Serie”. 

Confiesa que su moto soñada es la Triumph Bonneville, pero con esta Norton tiene su propia historia: “Ya había tenido una Norton cuando tenía 16 años, y la vendí porque no la podía mantener”, era una idéntica, aunque sin sidecar “es la segunda moto que tengo con sidecar, había tenido una BSA. Pero este es un sidecar especial, muy bien hecho. Quería recuperarlo, volver tener una Norton 500. Cuando me salió la oportunidad me la compré”, y añade “me gusta el modelo totalmente, es de las inglesas que más me gustan. También me gusta mucho la Triumph, pero más la Norton”.

Cuando viajamos con Horacio en el sidecar nos contó varias cosas, por ejemplo que pierde aceite “porque tenían unos fieltros, no tenía retén, siempre perdían aceite las motos inglesas, pensá que son motos de hace 60 o 70 años. Como no tiene retén no termina de parar el aceite, siempre un poquito se le escapa”. Sin embargo, reconoce que es una máquina “confiable; hemos ido para todos lados y nunca tuvimos problemas. Aunque la hicimos toda, se le hicieron muchas reparaciones, entonces la moto quedó bien. Me dio muchas satisfacciones”. Además nos confirma que la velocidad máxima “es de 110 km/h, con el sidecar y todo, va rápido”.

La ha llevado y puesto en exposición en “el Ferroclub de Escalada, la llevé una vez a San Juan, otra vez a Mar del Plata, a San Telmo. Siempre la llevé andando, salvo a San Juan, porque era muy lejos, ahí la llevé en el trailer”. Además nos cuenta que “donde vas te la quieren comprar, o te dicen ‘uh, mi abuelo tuvo una’, esas cosas que dice la gente”. Ante nuestra pregunta si la vendería, nos contesta: “A veces uno tiene necesidades y recurre a esas cosas, como vender la moto. Pero qué sé yo, capaz que no la vendo nunca”. Y agrega que no sabe qué precio le pondría si fuese así “sé que son muy caras, lo que pasa es que es muy caro hoy restaurar una moto, no la moto en sí”. Según asegura, el trabajo para restaurarla es muy costoso “lo que yo hice 16 años atrás no sé si lo podría hacer ahora, o tardaría el triple de tiempo”.

Su experiencia en el motociclismo

En su juventud, Horacio fue piloto de carreras, entre 1976 y 1991, durante 16 años, arrancó “a los 22 años, un poco tarde, porque nunca terminaba de juntar la plata para preparar la moto”. Le costó mucho empezar, pero también mantenerse en la competencia, “a veces conseguía publicidades, pero era duro. Había que viajar, y yo no tenía camioneta, me tenía que juntar con otros muchachos”. 

Resumió su carrera en el motociclismo brevemente: “Empecé corriendo en la categoría promocional con Zanella, después con Kawasaki en Superbike, con Yamaha 350 internacional, con Siroco rotax, y la Ducati, después me retiré”. Pero destaca: “Salí campeón en 125 argentino, fue un año en que yo tenía la pierna rota y no podía correr bien la moto, pero pude andar bien”.

Uno de sus mayores recuerdos es el que tuvo con “la Ducati” o mejor dicho la Ducati 900 Mike Hailwood, de las que se fabricaron “tres o cuatro”, según cuenta Horacio. “Fue de casualidad”, comentó, el dueño “me vio andar, conocía al que me preparaba la moto, y le dijo si yo la quería correr”. Primero la probó y después corrió con ella “una sola carrera. Salí segundo, no gané porque tenía algunas cosas para retocarle, pero no sé si hubiese podido ganar”. En esa época algunos pilotos no se metían en la puesta a punto de la motocicleta, pero Horacio sí, “porque me gustaba interiorizarme en eso, participar”. Para él esa moto italiana fue de lo mejor conoció y condujo “una pieza espectacular, una máquina bárbara”.

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Las motociclistas argentinas también quieren dejar su huella

Marcela González, es la embajadora argentina del Women Riders World Relay, y desde Córdoba planea el evento de nivel internacional: la vuelta al mundo por postas hechas por mujeres, para hacer visibles a las motociclistas y sus necesidades.

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Hace tiempo les hablamos sobre un mega evento de nivel internacional, donde más de 15.000 mujeres se unieron con un único objetivo: hacerse visibles en el mundo de las dos ruedas. ¿Cómo lo lograrían? Dando la vuelta al globo, con una posta simbólica, uniendo la mayor cantidad de países posibles. Por supuesto, una mujer puso a Argentina en el mapa de la trayectoria del Women Riders World Relay. Ella es Marcela González, quien amablemente conversó con Gente de Moto.

El comienzo de todo

Antes que nada, para que Marcela llegué a ser representante del WRWR, tuvo un pasado, obviamente cruzado de lleno por las motocicletas. “Estoy metida en las motos desde hace mucho tiempo, porque en mi familia mi hermana tiene moto, mi hermano mayor tiene moto. Desde que tengo uso de razón hay una cultura de las dos ruedas en casa”, nos cuentó. Y aseguró que fue su hermano su gran influencia, “cuando eramos chicas, mi hermano nos obligaba a ir en BMX, porque como no tenía un hermano varón supongo que quería que fuésemos un poco más compañeras con él. Al principio renegábamos un poco, más que nada yo, pero después le encontré el lado bueno y estaba lindo, relacionarse con las dos ruedas”.

Su primera máquina la tuvo cuando apenas tenías 13 años, era un Elite, que compartía con su hermana, luego paso una Honda Dax, hasta que su familia le dio una gran sorpresa. Marcela vio la película Terminator 2 junto a su hermano, y se enamoró de la moto, tanto que dijo “Esa moto me gusta… quiero tener una XR”. Pero no tuvo tiempo de comprarse una, porque “un día mi hermano buscó la Honda Dax, que en ese momento ya era mía, y me dijo que tenía que llevarla al taller porque había que hacerle unas cosas. Cuando llegué a mi casa, me dijeron ‘ahí tenés tus perros allá en el garaje hicieron un desastre’. Abro puerta y veo una moto con unos globos, era una XR 100”. En ese momento, según nos contó empezó a “experimentar las motos desde otro lugar, era un poco más grande, tenía 17 años, iba al colegio secundario de las monjas en moto. Me sentía fuerte teniendo una moto”.

Estuvo algunos años sin moto, hasta que su hermano volvió a insistir con que tenía que comprarse una. Porque en aquel momento, Marcela lo ayudaba con los encuentros de Harley en Córdoba, donde pudo “conocer las motos desde otro lugar, a conocer muchísima gente. Buena, mala o linda gente, de otros lugares, amigos y no tan amigos”. Hasta que volvió al ruedo, “junté mi primer sueldo y me compré una Vespa. Ahí me pude conectar, como una tercera etapa, de otro forma con la moto. La XR100 fue mi etapa rebelde, adolescente, con la Dax fueron mis comienzos, y con la Vespa me enamoré. Me enamoré de todo, de la moto, de poder hacer algo con ella. Lo primero que hice fue irme a Mendoza, desde Córdoba, con mi hermano; él iba en una Harley y yo con la Vespa”.

Ese viaje le dio otra perspectiva de lo que necesitaba: “me dije ‘no puedo tener una moto tan chica para querer hacer estas cosas, tengo que ir por una más grande’. A los años se dio la oportunidad de la moto que tengo ahora que es una Sportster 883, y está customizada como scrambler. Ahora que la tengo pude disfrutarla en soledad, mi moto y yo, para conectarme con una cuarta etapa, que es la de madurez; es hacer las cosas bien, ser responsable, tener la moto en condiciones, usar un buen casco, protecciones, estar en la ruta con mucha viveza. Mi mamá siempre me dice, cuando salgo a un viaje largo o corto, ‘ojos de halcón’, porque el halcón está atento a todo, y trato de hacer una oración antes de subirme a la moto. Sé que puede sonar un poco cursi, pero me genera una cierta adrenalina, ansiedad, felicidad, que me cuesta manejarla y controlarla. Tengo que hacer esas cosas para calmarme”.

Llegó el WRWR

Al Women Riders World Relay, Marcela lo conoció mediante una amiga uruguaya (que es justamente la embajadora del país vecino). Primero investigó, y como se dio cuenta que “era algo bien serio”, decidió inscribirse llenado algunos formularios. A las dos semanas recibió la respuesta afirmativa, anunciándola como embajadora, pero también: “ Cuando me dieron el rol me enviaron un manual, y pude observar que no solamente era un título. Si no que ser embajadora era organizar absolutamente todo”.

Se dio cuenta que quería hacerlo para poder “aportar y hacer algo en el mundo de las motos. Quiero ver qué puedo generar, por eso cuando me lo propuso mi amiga motociclista dije ‘puede ser un momento para despegar un poco mis alas y hacer algo’. Por supuesto con muchas ayuda, pero netamente pensado por mí”. Esa ayuda le llegó de diferentes partes de nuestro país, porque en cada punto por donde va a pasar el WRWR habrá amigas motociclistas listas para ayudarla: Silvia Zencich, Cyntia Salinas, Alejandra Álvarez, Lilian Díaz, Griselda y Soledad Ojeda, entre muchas otras.

El equipo completo hará que el trayecto no se complique, ocupándose de la logística, dónde dormir, la comida, y el auxilio. Algo sumamente importante, “necesitamos desde asistencia técnica, hasta que nos acompañen en la ruta, como soportes. Buscan un carro de apoyo, por lo menos en algunos tramos”. Además venden rifas para “ costear aunque sea parte de la nafta”. En su grupo de Facebook WRWR Argentina pueden acceder a toda la información, para ayudar en la travesía.

Marcela nos explicó el camino que hará el WRWR en nuestro país:

30/11 Mendoza, tramo Las cuevas, Uspallata, Villa Vicencio, y Mendoza. 01/012 Mendoza – Villa Dolores. 02/12 Villa Dolores – Córdoba. 03/12 Córdoba – Rosario. 04/12 Rosario – Buenos Aires. 05/12 Buenos Aires – Gualeguaychú. 06/12 Gualeguaychú – Paisandú.

También nos comentó: “Podríamos haber hecho Rosario – Gualeguaychú directo, pero elegí Buenos Aires porque es la capital, hay que pasar, es un lugar emblemático, y además hay muchas chicas de ahí que están participando”. Así como nos comunicó que están preparado clínicas de manejo en cuanto lleguen a Córdoba y en Buenos Aires. Además resaltó que “las chicas que quieran unirse pueden hacerlo en cualquier parte del tramo, eso se realiza a través de la página”.

Por último, destacó la finalidad del evento internacional: “El principal objetivo es hacernos visibles ante la industria de motos y así incentivarlos a la producción de líneas exclusivas para nosotras. Además es unirnos todas las mujeres motociclistas en un sentimiento total de aventura, coraje y hermandad. Motivar a otras mujeres a vivir una experiencia, una aventura en moto. ¡¡Se audaz, se aventurera!! Estamos haciendo historia, estamos dejando huellas”.

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Franco Sance, el joven que se recuperó de un trágico accidente y volvió a competir

Franco Sance es mendocino, tiene 25 años, y siempre fue un amante de las motos. Por un accidente vial perdió la movilidad del brazo izquierdo, pero no se dio por vencido. Cinco años después de ese hecho que cambió su vida, este joven además de volver a subirse a una motocicleta, comenzó a competir.

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A inicios de este mes, Franco participó de la segunda fecha del Campeonato Provincial de Mendoza, en Luján de Cuyo, y ganó el premio al esfuerzo. Maneja con una faja especial que sujeta el brazo izquierdo al cuerpo y con su Honda CRF 230 modificada para acelerar, frenar y accionar el embrague, todo con la mano derecha.

En una charla con Gente de Moto, nos contó su inspiradora historia de superación.

P: ¿Siempre practicaste enduro? ¿Desde cuando te gustan las motos?

R: Mi hermano y yo siempre practicamos enduro y motocross; además de mucha bicicleta y otros deportes. Siempre me gustaron las motos, desde muy chico; mi verdadera pasión es la moto de pista, también practiqué moto de velocidad en los autódromos, y soy fanático de Valentino Rossi.

P: ¿Has podido correr en pista en tu condición?

R: Aún no he podido correr en pista, ni he probado después de mi accidente hace 5 años; me quedó monoplejia en el brazo izquierdo. Hace dos semanas me regalaron una moto de enduro, una Honda CRF 230, y he empezado a practicar, pero todavía no lo hice en pista. Es mi gran sueño, mi objetivo a cumplir; sería mi sueño máximo que podría cumplir.

P: Ibas en moto al momento del accidente ¿Podés contarnos más sobre eso?

R: Yo iba en moto, en la calle, sobre el corredor, un auto entró ahí y quiso salir de golpe, haciendo una especie de “semi U” adelante mío. No pude esquivarlo y me impacté. Ese accidente me produjo el arrancamiento de todos los nervios que salen de la médula al brazo, por lo tanto que quedó la monoplejia. O sea que no tengo movilidad ni sensibilidad en el brazo izquierdo, y verdaderamente la gran lucha de esta lesión, por lo menos en mí, no es en lo físico, porque me adapté bastante bien, la gran problemática está en el dolor, sufro mucho de dolor neuropático.

P: Tu vida cambió para siempre… ¿Pensabas en subirte a la moto otra vez o no lo tenías en mente?

R: Fue un antes y un después en mi vida. Los primeros momentos fueron muy difíciles, sobre todo por no poder aceptar lo que había pasado. Por la frustración, por la calidad que tenía e iba a tener. Después puse los pies sobre la tierra, comencé aceptarlo… Desde el momento uno le dije a mi mamá que prefería subirme a una moto antes que volver a mover el brazo, porque me acepté así. Con los años de fisioterapia, y con bastante entrenamiento físico, el sueño de volver a la moto empezó a ser un poco más cercano. Empecé a andar en bici, primero por las calles, después por los senderos. Al ver que iba bien en la bici se acercó la idea de subirme a una moto, y hace 15 días mi familia me regaló una, con mi hermano como gran cómplice, fue el que metió más pata para que se cumpla todo.

P: ¿Cómo es tu entrenamiento? ¿Dónde hacés más foco para estar a punto?

R: El foco es hacer crossfit a diario, todos los días, y además trato de combinarlo con bicicleta, ya sea en calle o en ruta, o de montaña. Trato de hacer entre semana lo más posible de bicicleta, si es posible todos los días. Mientras que el fin de semana me estoy dedicando a la parte motociclística, ese es más o menos el entrenamiento que estoy teniendo por ahora. Crossfit lo hago porque en el gimnasio donde voy el box es de un amigo, y me motivó para que yo empiece ahí con él. Es un amigo de hace mucho tiempo, de las motos. Mientras que en bici voy algunas veces solo y muchas me acompañan amigos. Mi familia trata de acompañarme lo más posible, sobre todo mi hermano, con quien me llevó poca diferencia de edad y comparto mucho con él.

P: Cuando te anotaste para competir ¿fue muy difícil que te aceptarán desde la organización?

R: Desde la organización del Campeonato Provincial de Enduro, nos aceptaron de una, incluso nos motivaron para que largáramos, la verdad fueron muy amables. Pero más de una vez me he llevado una cara larga o algo negativo, en otro tipo de disciplinas o deporte. Así que no es tan fácil competir teniendo alguna dificultad, la gente no te mira bien, muchas veces prefieren darte una respuesta negativa. Por eso muchos deportistas adaptados no vuelven a intentarlo, porque es frustrante que te tomen como “incapaz”.

P: Por esos problemas que mencionas ¿te dijeron algo desde la organización del campeonato? ¿Te comunicaste con otro deportista adaptado?

R: Con la organización no verdaderamente, preguntamos y Maribel Giordani [piloto de enduro, y parte de la organización del Campeonato Provincial] nos dio el OK, así que nos motivamos para inscribirnos. Pero sí he hablado con varios deportistas adaptados, de afuera del país, la gran mayoría de España o Estados Unidos, acá en Argentina con pocos.

P: ¿Te gustaría que otros tomen tu ejemplo y busquen competir? ¿Qué les dirías y cómo los alentarías?

R: Claro que sí, me gustaría que sigan mi ejemplo y busquen competir. También más allá de la competencia, que busquen superarse día a día ellos mismos. Primero les recomendaría que pierdan los miedos, que los enfrenten. Segundo, que no pierdan su autoestima, que es muy factible que lo hagan, y que realicen actividades que ayuden a elevarlo. Que se pongan metas cortas, en el caso de que lleguen a fracasar, que no sea muy grande la frustración. Ante todo que se esfuercen, que todo llega, en algún momento u otro, cueste más o menos, todo va a llegar si se le dedica el esfuerzo correspondiente. Las limitaciones se las pone uno.

Franco seguirá intentado hacer más y más, sin importar su condición. Como dijo, su sueño es llegar a competir con motos de velocidad. Pero sabiendo todo lo que le costó llegar a un campeonato provincial pide “que se haga hincapié en que las organizaciones acepten gente como yo. Eso es lo principal en todo tipo de deportes”. Desde Gente de Moto lo apoyamos y le deseamos el mayor de los éxitos tanto en su carrera como en su vida.

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