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Nueva caravana solidaria de motociclistas por el día del niño

Como cada año, los clubes de motociclistas argentinos, con el Kawaclub a la cabeza, realizarán tres caravanas para repartir juguetes a los niños. Serán el 17, 24 y 31 de agosto, conocé los detalles.

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Se calcula que unas 4.000 motos participarán de las tres jornadas de caravana solidaria, que se desarrollarán últimos fines de semana de agosto. Con motivo por el Día del Niño se juntarán juguetes y se llevarán a tres sitios distintos, uno por cada día. La primera movilización terminará en el Hospital Garraham, la segunda en el Hospital de Niños de San Justo, y la tercera en el Sor María Ludovica de La Plata.

Desde el Kawaclub se expresan con orgullo de sus numerosas caravanas solidarias para niños, que se cuenta por arriba de la docena. Para explicar por qué lo hacen exponen: “Vamos a llevar montones de juguetes a cientos de chicos que están en los hospitales de niños de CABA, San Justo y La Plata. Este día dejamos de mirarnos al ombligo al menos por un rato y TODA esa gente que nos cruzamos está allí con ese mismo fin. Como si esto fuera poco, mostramos a la sociedad que nos mira incrédulos del espectáculo que está viendo que nosotros, los denostados motociclistas, estamos haciendo algo que la mayoría de la gente jamás hizo ni hará… un acto de amor a un prójimo desconocido”.

No hay requisitos para asistir a la caravana, no hace falta ser miembro de ningún club de motociclistas, solamente hay que llevar juguetes para los chicos. Según explican, desde los hospitales piden que no sean bélicos, además deben ser nuevos y se excluye a los peluches, porque tienen ácaros que podrían afectar a los niños internados en hospitales. Si querés donar y no podés participar del trayecto completo, podés acercarte el sábado 17 de agosto, de 8:30 a 10 horas, y dejar tu donación en el Campo Argentino de Polo, sobre Avenida Libertador, entre Av. Dorrego y Ortega y Gasset.

Ese mismo día será la Caravana Solidaria del Kawaclub, con salida programada para las 10:00hs. El camino será el siguiente: Av. Del Libertador / Calle Cerrito / Acceso a Av. 9 de Julio/ Av. 9 de Julio / media vuelta al Obelisco / Av. 9 de Julio (hacia el norte) / Av. Santa Fe / Av. L. N. Alem / Av. De Mayo / Av. Jujuy / Av. Brasil / Av. Entre Rios / Av. J. De Garay / Pichincha / Parada en Casa Garrahan.

El domingo 25 de agosto, el Club de Motos Clásicas, junto al Kawaclub, harán una caravana al Hospital de Niños de San Justo. Mientras que el 31 de agosto, la visita será al al Sor María Ludovica de La Plata.

Desde el KawaClub resaltan: “si bien somos el Kawaclub, la convocatoria está abierta a todo tipo de motos, no importando marca, tipo o cilindrada”. Además agregan como dato importante: “Lo único que te pedimos es que vengas con casco y que tengas el seguro al día”.

Si querés estar al día con las noticias también podés sumarte al evento de Facebook: 14° Caravana Solidaria por el Día del Niño (2019)

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“Entre el cielo y la ruta”

Javier Eduardo Urbaneja nos envió su relato sobre la pasión que siente por las motos: “Solo me pueden entender los que se mojan, tienen frío, se caen e igual se levantan y vuelven a montar sus motos una y otra vez”.

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“¿Por qué la Bati-chica tenía moto y Batman no? Fue lo que me pregunté en mi niñez mirando la serie. Será por eso que mis héroes eran de carne y hueso; hoy puedo confesar, ya casi rozando los 50, que a los 16 años, con novia y todo, me escondía en la terraza de mi casa a jugar con una motito de plástico que se parecía, más o menos, a la moto que usaban en Chip’ s. Era simple, yo quería ser Poncharello y vivir en California piloteando una Kawa 1000. Todavía sueño con eso, de hecho tengo toda la serie en DVD, esa es la quinta esencia de la felicidad y la libertad en mi imaginación.

Poco me sorprende en este mundo, excepto las motos, los aviones y alguna que otra cosa, aunque no tanto. El amor a las motos es igual al de los aviones, en ese sentido soy bígamo, en mi casa aburro (bueno, aburría, ahora me aburro solo) aunque en realidad poco me importa, ya que es sabido, tanto los pilotos como los motociclistas sabemos de qué se trata, es imposible de explicar.

¿Cómo les trasmito a los demás lo que sentí a mis 9 años cuando mi tío me llevó a pasear por primera vez en su moto, una Gilera? Solo me pueden entender los que se mojan, tienen frío, se caen e igual se levantan y vuelven a montar sus motos una y otra vez, aquellos que si se les rompe el auto dicen “qué garrón” pero si la moto no le arranca entran en pánico. Es pasión, pasión por la libertad, acaso las motos sean unas de las pocas cosas que nos regalan esa libertad en el mundo. Lo sabía El Carpo y lo sabía Charles Lindbergh cuando recorrió EEUU con su Excelsior antes de ser el padre de la aeronáutica.

Podría hacer una nota de todas las motos que anduve, chiquitas y grandes, mías y prestadas, pero debería escribir una especie de biblioteca galáctica para describir lo que viví con cada una de ellas. Hice muchas cosas en mi vida, me tuve que desprender de muchas más por las circunstancias que sean y mi vida continuó casi igual, es decir, me adapté, a lo que me fue y es imposible adaptarme es a no montar una y otra vez mi moto. Algunos piensan que estoy medio loco, otros que soy un inadaptado; no me importa, soy feliz así, sobre las dos ruedas, tan libre y tan feliz como un piloto en el cielo, y de eso puedo hablar”.

Por Javier Eduardo Urbaneja

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Gustavo Menéndez y el emotivo recuerdo de su papá Eduardo

Gustavo Menéndez es un motociclista de ley, y un gran amigo de Gente de Moto. Nos envió una historia que refleja su amor las motos y su pasión por los fierros, la que más marcó su vida.

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Aceptamos que nos atrasamos un poco con esta noticia que podría haber sido un “Especial por el Día del Padre”. Pero gracias a esta historia podemos demostrar como nuestros padres son muchas veces quienes nos contagian esa pasión por las dos ruedas. Los dejamos con este relato de motos y amor paternal, escrito por su protagonista, Gustavo Menéndez:

“Quisiera contarles una de mis historias con la moto, no con una especial, si no con la moto en sí y la pasión por los fierros. La historia que les voy a relatar no sé si será de las mejores que me pasó pero si definitivamente la que más marcó en mi vida.

Desde muy chico mi viejo me llevaba a andar en la Vespa que era de mi abuelo, y por alguna razón esa moto no estuvo más entre nosotros. Creo que ahí fue cuando en algún lugar se despertó mi pasión, él me contaba siempre de sus andanzas de joven con las Zanella o Gilera de los años 70. En resumen a los 7 años llega a mi casa una Zanella V1 de arranque a pedales, (para mí era como un R1 actual) fue ahí que empecé a andar en moto. Pasó el tiempo y siempre tuve la chispa de correr en moto, siendo que mi viejo me contaba que alguna vez el corrió y me decía lo lindo que era.

Eduardo Menéndez, el padre de Gustavo.

Tuve varias motos de calle hasta que un día, por inseguridad y ante la preocupación de mi vieja, decidí venderlas para darle tranquilidad. Pero llegado el 2002 y con un grupo que corría en 200 Nacional de Pista, decidí armar mi primera moto de carrera. Costó pero a la vieja la convencí de que las pistas eran más seguras. Mi viejo obviamente comenzó a acompañarme, podía ver que en su rostro ese niño que alguna vez corrió estaba vivo y sonriente. Entonces decidí proponerle si quería que armáramos una moto juntos para que el corriera, aceptó sin dudar. Fue ahí donde compartimos tarde y fines de semana modificando y preparando la moto.

Llego el día de ponerla en pista y fue uno de los mejores momentos que me quedaron guardados. Su sonrisa en el dentro del casco, su intensa emoción y, a pesar de que en ese entonces ya era veterano, vi que volvió a ser joven. La moto ese día tuvo una falla que no podíamos encontrar y no andaba, pero no importó; fue la primera carrera de muchas que compartimos juntos. También estaban los entrenamientos que íbamos girar y a divertirnos, donde posteriormente comíamos un asado entre amigos.

Recuerdo que en uno de los entrenamientos, con un amigo de la familia al viejo lo volvimos un poco loco. Él iba a disfrutar del andar, nosotros ya teníamos tiempos de vuelta más rápidos, entonces cada vez que lo cruzábamos en la pista alguna maldad le hacíamos, sanguchito en la recta, tocarle la cola, etc. Fue una jornada muy divertida y que hoy con mi amigo la seguimos recordando”.

Gustavo con su amigo, listos para salir a pista.

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El adiós a Nélida “Nelly” Iglesias, la madre de los motociclistas argentinos

Este miércoles se comunicó el fallecimiento de Nélida Iglesias, “la abuela motoquera”, o “la madre de todos los motociclistas”, como la conocían todos los motoviajeros argentinos.

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El mundo de las dos ruedas de Argentina se viste de luto para despedir a una de las pioneras de las motos, Nélida “Nelly” Iglesias. No solamente fue una amante de las motocicletas y una fierrera de ley, estamos hablando de la primera mujer del país en conseguir la licencia de conducir profesional. Sin embargo, todos la recuerdan como la madre de los motociclistas argentinos, esa que iba a cuanto motoencuentro pudiese, que con su solidaridad andaba y desandaba las rutas.

Nelly nació en 1928, en Florida, provincia de Buenos Aires; apenas tenía 16 años y ya manejaba camiones, con su registro profesional. Pero el verdadero vuelco en su vida lo dio a los 57 años, cuando quedó viuda. Allí comenzó su recorrido en dos ruedas, con una Honda C90, y no paró más.

Porque fue a partir de ese momento en que Nelly se metió de lleno en el mundo de las motocicletas. Empezó a viajar por todo el país, haciendo más de 400.000 km; en su casa se lucían miles de recuerdos, y decenas de homenajes de diferentes ciudades. Es que Nélida dejaba su huella por donde iba, y se hacía amiga de cada motociclista con el que habla en los motoencuentros; se convirtió pronto en una verdadera estrella de las dos ruedas.

“En la moto vivís una sensación distinta, en un coche vas entre cuatro latas, como si fueras una sardina. En una moto te pueden pasar cualquier cosa, pero vivís de otra manera”.

Nélida “Nelly” Iglesias. 1928-2020.

Gustavo Chizzo Nápoli, cantante de La Renga, se inspiró en ella para escribir “Motoralmaisangre”, incluido en el álbum “La Esquina del Infinito”. Por supuesto, El Chizzo y Nelly pudieron conocerse, el músico hasta tuvo el placer de cantarle en vivo el tema, para el cumpleaños n°90 de Nélida.

También tiene una autobiografía autorizada “A mí me llaman la abuela Nelly”, escrita por Gonzalo Augusto Firpo. “Hice lo que se necesita en la vida. Planté un árbol, tuve una hija y no escribí un libro pero me escribieron uno”, dijo alguna vez esta longeva motociclista.

“Le tengo que agradecer toda mi vida y toda mi alegría al motociclismo”, contó en una entrevista a Infobae. Sin saber que en realidad los motociclistas (y en especial las mujeres) son quienes están agradecidos con ella, por ser una pionera femenina en un mundo de hombres, por mostrar su calidez y su solidaridad en cada motoencuentro.

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