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Belén Couso y sus «Mujeres al Mando»

Rupturismo y conciencia social en dos ruedas.

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En tiempos de costumbres efímeras donde todo vuela y muta, algunas buenas nuevas llegaron para quedarse. Y en ese marco tan volátil, es para festejar la irrupción de una imagen femenina tan fuerte, en un ambiente machista por definición como el de las motos. Exitosa empresaria en el ámbito privado y emprendedora serial en pleno desarrollo, Belén descubrió su pasión por las dos ruedas en la primera adolescencia y ahora mismo, en su joven madurez, ha podido mezclar con personalidad y clara visión las cosas que ama, y hacia dónde quiere ir con todo aquello que la mueve. En paralelo a su profesión, le ha dado forma a una vivaz criatura que reúne grandes cualidades: congrega en su agrupación Mujeres Al Mando a muchas de ellas que necesitaban sentirse representadas de alguna manera, con un estilo bien definido y un poderoso sentido de pertenencia. Pero en su escudería no sólo brilla el hedonismo de la belleza propia del género femenino y su reflejo en redes sociales, sino que a su epopeya Belén le sumó un fin ulterior de clara conciencia social que habla mucho de ella, y de todo lo que hace.

La misión

Consolidada en el mundo de los negocios, deportista de alta competición por vocación y causas nobles, amante de la naturaleza y trendy woman de cuidado perfil, esta apasionada conductora de motos y de un nutrido grupo de mujeres a bordo de sus máquinas parece no descansar nunca. Decidida a cumplir una misión solidaria como quien evangeliza con fe ciega, y aprovechando la tracción que genera Mujeres Al Mando, Belén lleva adelante desde hace tiempo rodadas grupales buscando ante todo hacer el bien, y sin esperar nada a cambio. Ya con unas cuantas acciones elogiables en su haber, la próxima cita se presenta cercana y con una nueva gran finalidad: el sábado 15 de Febrero reunirá a su tropa a la hora del desayuno en el local de Triumph (Av. Del Libertador 520, Vicente López, Buenos Aires), en donde recaudarán juguetes de los asistentes a beneficio del comedor social Los Bajitos de Troncos del Talar. La expectativa por el evento es enorme, ya que la ruteada solidaria tendrá como destino final un encuentro de esos que erizan la piel: las ansiosas manos de 360 niños que asisten al refugio bonaerense. Con la multifacética Belén Couso al frente de su feligresía femenina, participa de forma activa la ONG Pura Vida y nosotros desde Gente de Moto también diremos presente.

Un juguete por una sonrisa

¡Vení con nosotros! Te invitamos a participar de esta jornada a beneficio, en la que confluirán las ganas de relacionarnos con otros apasionados por las motos, una buena rodada de sábado a la mañana, y la estimulante satisfacción de ver la cara feliz de un niño necesitado. ¡Trae un juguete y no faltes!

 

Podés seguir a Belen Couso y sus Mujeres Al Mando en sus perfiles de Instagram:

@MujeresAlMandoOk

@BelenCouso 

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La Norton ES2 de 1949 que rueda por las calles de Banfield

Horacio Sánchez nos dio la bienvenida en su taller mecánico y de restauración. Nos contó sobre su preciada Norton y además de su época como piloto de motociclismo.

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El fin de semana largo aprovechamos para dar una vuelta por el taller de Horacio Alberto Sánchez, para preguntarle sobre la invaluable Norton ES2 con sidecar, modelo 1949, que restauró. La máquina fue puesta a punto y anda como si fuese nueva (incluso tuvimos el placer de dar una vuelta en ella).

“La compré hace unos 16 o 17 años atrás, a un tipo que la tenía abandonada en el fondo de la casa”, comienza a contar: “La empezamos a restaurar, pintamos, lustramos, se le hizo el motor, la caja, el embrague; se pintaron las llantas como vienen de fábrica, el tanque cromado, todas las insignias; fabricamos el inflador, que no estaba”. Según nos dijo, el inflador tuvo que fabricarlo en el negocio “nos juntamos entre tres, uno dijo ‘bueno yo quiero dos’, ‘yo quiero otros dos’, nos pusimos y lo hicimos, un rato cada uno, haciendo una vaquita para juntar la plata para comprar los materiales”.

Nos comenta que “se desarmó íntegra, hubo que hacer algunas reparaciones en el cuadro. Restaurar todo, porque todo estaba gastado, oxidado, algunas cosas hubo que tirarlas y comprarlas nuevas”. A lo que añade: “Algunas cosas traje de afuera, pero algunas las compramos de acá, con gente que las hace muy bien, faroles, manijas, el pulsador de la bocina”.

“Tardé un año y medio, pero haciéndole todos los días cosas, para que quede bien. El motor la parte de arriba se hizo completa, la de abajo la desarmamos, pero estaba bien. Le hicimos la caja completa, los bujes, el embrague, y toda la tornillería se puso de acero inoxidable”, relató Horacio, y resaltó: “tiene una caja que tiene el cambio medio largo, es por ahí más lenta que una BSA, que yo tuve y era más rápida”. Claro, está Norton no es la primera moto que tiene y restaura, ya que según nos comenta “hace poco vendí una Alpino 175”, y suma otras motocicletas: “un par de Siam 48, una Puma Primera Serie”. 

Confiesa que su moto soñada es la Triumph Bonneville, pero con esta Norton tiene su propia historia: “Ya había tenido una Norton cuando tenía 16 años, y la vendí porque no la podía mantener”, era una idéntica, aunque sin sidecar “es la segunda moto que tengo con sidecar, había tenido una BSA. Pero este es un sidecar especial, muy bien hecho. Quería recuperarlo, volver tener una Norton 500. Cuando me salió la oportunidad me la compré”, y añade “me gusta el modelo totalmente, es de las inglesas que más me gustan. También me gusta mucho la Triumph, pero más la Norton”.

Cuando viajamos con Horacio en el sidecar nos contó varias cosas, por ejemplo que pierde aceite “porque tenían unos fieltros, no tenía retén, siempre perdían aceite las motos inglesas, pensá que son motos de hace 60 o 70 años. Como no tiene retén no termina de parar el aceite, siempre un poquito se le escapa”. Sin embargo, reconoce que es una máquina “confiable; hemos ido para todos lados y nunca tuvimos problemas. Aunque la hicimos toda, se le hicieron muchas reparaciones, entonces la moto quedó bien. Me dio muchas satisfacciones”. Además nos confirma que la velocidad máxima “es de 110 km/h, con el sidecar y todo, va rápido”.

La ha llevado y puesto en exposición en “el Ferroclub de Escalada, la llevé una vez a San Juan, otra vez a Mar del Plata, a San Telmo. Siempre la llevé andando, salvo a San Juan, porque era muy lejos, ahí la llevé en el trailer”. Además nos cuenta que “donde vas te la quieren comprar, o te dicen ‘uh, mi abuelo tuvo una’, esas cosas que dice la gente”. Ante nuestra pregunta si la vendería, nos contesta: “A veces uno tiene necesidades y recurre a esas cosas, como vender la moto. Pero qué sé yo, capaz que no la vendo nunca”. Y agrega que no sabe qué precio le pondría si fuese así “sé que son muy caras, lo que pasa es que es muy caro hoy restaurar una moto, no la moto en sí”. Según asegura, el trabajo para restaurarla es muy costoso “lo que yo hice 16 años atrás no sé si lo podría hacer ahora, o tardaría el triple de tiempo”.

Su experiencia en el motociclismo

En su juventud, Horacio fue piloto de carreras, entre 1976 y 1991, durante 16 años, arrancó “a los 22 años, un poco tarde, porque nunca terminaba de juntar la plata para preparar la moto”. Le costó mucho empezar, pero también mantenerse en la competencia, “a veces conseguía publicidades, pero era duro. Había que viajar, y yo no tenía camioneta, me tenía que juntar con otros muchachos”. 

Resumió su carrera en el motociclismo brevemente: “Empecé corriendo en la categoría promocional con Zanella, después con Kawasaki en Superbike, con Yamaha 350 internacional, con Siroco rotax, y la Ducati, después me retiré”. Pero destaca: “Salí campeón en 125 argentino, fue un año en que yo tenía la pierna rota y no podía correr bien la moto, pero pude andar bien”.

Uno de sus mayores recuerdos es el que tuvo con “la Ducati” o mejor dicho la Ducati 900 Mike Hailwood, de las que se fabricaron “tres o cuatro”, según cuenta Horacio. “Fue de casualidad”, comentó, el dueño “me vio andar, conocía al que me preparaba la moto, y le dijo si yo la quería correr”. Primero la probó y después corrió con ella “una sola carrera. Salí segundo, no gané porque tenía algunas cosas para retocarle, pero no sé si hubiese podido ganar”. En esa época algunos pilotos no se metían en la puesta a punto de la motocicleta, pero Horacio sí, “porque me gustaba interiorizarme en eso, participar”. Para él esa moto italiana fue de lo mejor conoció y condujo “una pieza espectacular, una máquina bárbara”.

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Raúl y su especial viaje hasta Colombia para ver a River

En 2018 el motociclista cordobés emprendió un recorrido que lo llevaría hasta Bogotá, Colombia, para ver al club de sus amores. Pero también por la memoria de su hermana fallecida.

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La semana pasada compartimos la historia de Solana y Santiago, dos tucumanos que viajaron a Bolivia para ver a Atlético de Tucumán. A leerlo en las redes sociales de Gente de Moto, Raúl Sampaolesi no dudo en contarnos su propia experiencia. Este motociclista, oriundo de Laguna Larga, Córdoba, hizo su propio viaje para ver a River en la Copa Libertadores 2018.

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#river #copalibertadores

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“La idea era ir en moto a ver River lo más lejos posible en Sudamérica por la Libertadores”, nos dijo Raúl, que añadió: “Justo se dio que planeaba ir hasta Ecuador y Colombia en moto en 2018 y River estaba en fase de grupos con Emelec de Guayaquil e Independiente Santa Fe de Bogotá.

El viaje de ida no lo hizo solo, “estaba programado con Juan Sala y Rafa Aguada que fueron hasta Alaska”; y además “allí nos recibió Ariel Gerardo Soto (El motonauta) a quien invité ir al campín donde jugaba River”. Pero Raúl nos aclaró que no era la primera vez que hacía un recorrido con su moto, ya que tiene más de 75.000 km andados, y nos enumeró: “Machu Picchu en 2012, Ushuaia en 2012, Ruta 40 en 2013, Cruce de los andes por Agua Negra, Pircas negras y San Francisco en 2014, Carretera austral en 2016 y travesías a las sierras cordobesas, entre otros viajecitos”.

Este recorrido hacia Bogotá para ver River lo hizo con su Honda NX4 Falcon 400, modelo 2011. En los 15.000 km de viaje, Raúl comentó que junto a sus compañeros “cruzamos por Jama, el desierto de Atacama, toda la costa de Perú y la cordillera Ecuatoriana. En Colombia recorrimos el eje cafetero y recalamos en Bogotá 2 días antes de partido”.

El motociclista, dueño de una fábrica de aberturas de aluminio, confesó que si bien tenía programado ver dos encuentros de River, solamente pudo estar presente en uno: “Al partido en Guayaquil no llegué porque el viaje se pospuso una semana por el fallecimiento por cáncer de mama de mi hermana Flavia de 44 años. Eso me dio más impulso para hacer la travesía, porque a la vida vinimos a ser felices y hay que vivirla intensamente”.

Fueron “40 días entre ida y vuelta, regresando por el Putumayo colombiano y la Amazonía ecuatoriana”. Desde Colombia debió regresar solo, y en esa experiencia fue una de las más fuertes de todo su viaje “lo más duro… cruzar el Chimborazo en Ecuador con Lluvia. Estuve con hipotermia y me salvo un caldo de gallina que me sirvieron en un comedor en la ruta”.

Pero también tuvo otras experiencias únicas, como entrar a nuestro país “por Paso los Libertadores ya nevado a finales de Mayo”, o “dormir en un conventillo en el barrio de la Tola en Quito”, así como “en una casita de madera aglomerada en Agua Verde, pleno desierto Atacama”.

Para terminar, Raúl nos asegura que las excursiones “súper recomendadas” son a las “Líneas de Nazca y Huacachina en Perú”. Y nos comparte sus canal de Youtube, donde subió 7 vídeos, en forma de capítulos de este viaje inolvidable para ver a River, y también en homenaje a su hermana: Click para ver la experiencia del viaje.

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Historias GDM

Casi 1.200 km en moto para ver a Atlético Tucumán

Una pareja de tucumanos tomó su Honda Wave para ir hasta La Paz, Bolivia; todo para poder ver el partido de Atlético Tucumán – The Strongest, por la Copa Libertadores.

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Solana Morales y Santiago Argañaras son fanáticos del “Decano”, por eso no podían perderse el primer partido por la segunda fase de la Copa Libertadores 2020. Sin dudarlo, se subieron a una Honda Wave para rutear hasta La Paz y ver el partido de Atlético Tucumán – The Strongest.

Unidos por la pasión

“El viaje surgió en un principio con la idea de salir de mochileros ya que teníamos alguien que nos lleve hasta la frontera, pero con el tiempo esa chance se nos cayó y surgió la idea de irnos en la moto. Pusimos en condiciones en rodado y vimos que era lo esencial que teníamos que cargar para la travesía”, contó Solana.

“Fueron cuatro días de viaje, le metimos entre 8 y 10 horas cada día”, explicó la joven. Luego continuó comentando cada jornada del viaje: “Salimos el martes de Tucumán hasta San Pedro de Jujuy. Al día siguiente fuimos de hasta Tarija y el jueves fuimos a Potosí, donde hicimos dos noches. El sábado Oruro y el domingo a La Paz”.

La Wave “se bancó” los 1.187 kilómetros del total del recorrido, desde la casa de la pareja en el centro de Tucumán hasta la capital boliviana. La máquina no tuvo problemas, soportando los más de 3.600 metros de altura del camino.

“Es la primera vez que hacemos algo de este tipo”, dijo Solana, y reconoció que “la familia y los amigos nos decían que era una locura, pero nos apoyaron desde el principio”. Además contó que aprovecharon esta escapada para conocer los lugares donde pasaron; por ejemplo, pararon en Potosí dos días para descansar y pasear.

Pero, por supuesto, el objetivo era llegar hasta La Paz a tiempo para ver el partido: “Para nosotros Atlético es una forma de vida, gracias a Dios tuvimos la oportunidad de acompañarlo siempre, y en esta ocasión decidimos adentrarnos en una aventura única”.

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