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El piloto que ayuda en un hogar de ancianos, en medio de la pandemia

Dominique Aegerter forma parte de la parrilla de MotoE, categoría eléctrica del Campeonato Mundial de Motociclismo. Pero ante la falta de carreras, el suizo comenzó a brindar su apoyo en una residencia para adultos mayores.

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Como sucede en tantos otros deportes, el calendario de MotoGP se ha visto afectado por el Covid-19, con una fallida primera fecha y varias citas reprogramadas (entre ellas la de Argentina). Por lo tanto, todos los pilotos están entrenando en sus casas y ocupando su tiempo, mientras esperan el comienzo de la temporada.

Pero el caso de Dominique Aegerter es uno de los más ejemplares de toda la lista. El motociclista de 29 años es parte del Mundial desde 2006, cuando se estrenó en 125 cc, hasta 2019 compitió en Moto2, y 2020 lo vería en MotoE, la categoría eléctrica. Lamentablemente no ha podido competir, y continúa su entrenamiento. En sus ratos libres tiene otra tarea: ayudar a limpiar y desinfectar un hogar de ancianos.

Cada día el suizo se acerca a la Residencia Sant Pere de les Fonts, de la localidad de Terrasa, España. El dueño del hogar es el preparador físico del piloto, Pol Rueda, quien se ocupa del lugar, junto a sus padres, su hermana y demás empleados. Desde que comenzó el aislamiento también cuenta con la ayuda de Aegerter, que subió un vídeo a su cuenta de Instagram contando la experiencia, y se lo ve vestido con todos los elementos necesarios para el caso:

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Every year I come to Spain to do my physical preparation with @coachtotop When @motogp season was cancelled for the CORONAVIRUS, I decided to stay here to train online at home. Pol my coach also has a nursing home, and I offered to help him in any way I could. I said, "You always help me, now I have to help you." Every week, I buy bleach for them and disinfect the whole exterior. I train at home every morning and in the afternoons I collaborate in the prevention and disinfection of his nursing home. This virus is lethal for older people. And I couldn't be home locked up watching all the trouble. C.G. Sant Pere is the name of the nursing home, and they are one of the few nursing homes that have 0 CORONAVIRUS cases, so I am proud to help in this cause! I encourage everyone to help where possible, because together we will beat this virus! #stayathome #stayhealthy #staysafe #help #nursinghome #people #together #we #win #race #clean #friends #coronavid19 #2020 #barcelona #domi77 #aegi77 #77 #ad77 #domifighter #livefullgas www.domi77.com

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El suizo comienza comentando que “cada año vengo a España para hacer mi preparación física con Pol Rueda. Cuando la temporada de MotoGP fue suspendida por el coronavirus, decidí quedarme aquí para entrenar online en mi casa. Pol, mi entrenador también tiene un hogar de ancianos, y me ofrecí a ayudarlo en todo lo que pudiera. Le dije: ‘Siempre me ayudas, ahora yo tengo que ayudarte’”.

“Cada semana, compro lejía para ellos y desinfecto todo el exterior. Entreno en casa todas las mañanas y por las tardes colaboro en la prevención y desinfección de su asilo. Este virus es letal para las personas mayores, y no podría estar en casa encerrado viendo todos los problemas”, explicó Aegerter.

Para finalizar dijo: “el C.G. Sant Pere es el nombre de la residencia de ancianos, y son una de las pocas residencias de ancianos que tienen cero casos de coronavirus, así que estoy orgulloso de ayudar en esta causa. Animo a todos a ayudar donde sea posible, porque juntos venceremos este virus”.

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“Entre el cielo y la ruta”

Javier Eduardo Urbaneja nos envió su relato sobre la pasión que siente por las motos: “Solo me pueden entender los que se mojan, tienen frío, se caen e igual se levantan y vuelven a montar sus motos una y otra vez”.

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“¿Por qué la Bati-chica tenía moto y Batman no? Fue lo que me pregunté en mi niñez mirando la serie. Será por eso que mis héroes eran de carne y hueso; hoy puedo confesar, ya casi rozando los 50, que a los 16 años, con novia y todo, me escondía en la terraza de mi casa a jugar con una motito de plástico que se parecía, más o menos, a la moto que usaban en Chip’ s. Era simple, yo quería ser Poncharello y vivir en California piloteando una Kawa 1000. Todavía sueño con eso, de hecho tengo toda la serie en DVD, esa es la quinta esencia de la felicidad y la libertad en mi imaginación.

Poco me sorprende en este mundo, excepto las motos, los aviones y alguna que otra cosa, aunque no tanto. El amor a las motos es igual al de los aviones, en ese sentido soy bígamo, en mi casa aburro (bueno, aburría, ahora me aburro solo) aunque en realidad poco me importa, ya que es sabido, tanto los pilotos como los motociclistas sabemos de qué se trata, es imposible de explicar.

¿Cómo les trasmito a los demás lo que sentí a mis 9 años cuando mi tío me llevó a pasear por primera vez en su moto, una Gilera? Solo me pueden entender los que se mojan, tienen frío, se caen e igual se levantan y vuelven a montar sus motos una y otra vez, aquellos que si se les rompe el auto dicen “qué garrón” pero si la moto no le arranca entran en pánico. Es pasión, pasión por la libertad, acaso las motos sean unas de las pocas cosas que nos regalan esa libertad en el mundo. Lo sabía El Carpo y lo sabía Charles Lindbergh cuando recorrió EEUU con su Excelsior antes de ser el padre de la aeronáutica.

Podría hacer una nota de todas las motos que anduve, chiquitas y grandes, mías y prestadas, pero debería escribir una especie de biblioteca galáctica para describir lo que viví con cada una de ellas. Hice muchas cosas en mi vida, me tuve que desprender de muchas más por las circunstancias que sean y mi vida continuó casi igual, es decir, me adapté, a lo que me fue y es imposible adaptarme es a no montar una y otra vez mi moto. Algunos piensan que estoy medio loco, otros que soy un inadaptado; no me importa, soy feliz así, sobre las dos ruedas, tan libre y tan feliz como un piloto en el cielo, y de eso puedo hablar”.

Por Javier Eduardo Urbaneja

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Gustavo Menéndez y el emotivo recuerdo de su papá Eduardo

Gustavo Menéndez es un motociclista de ley, y un gran amigo de Gente de Moto. Nos envió una historia que refleja su amor las motos y su pasión por los fierros, la que más marcó su vida.

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Aceptamos que nos atrasamos un poco con esta noticia que podría haber sido un “Especial por el Día del Padre”. Pero gracias a esta historia podemos demostrar como nuestros padres son muchas veces quienes nos contagian esa pasión por las dos ruedas. Los dejamos con este relato de motos y amor paternal, escrito por su protagonista, Gustavo Menéndez:

“Quisiera contarles una de mis historias con la moto, no con una especial, si no con la moto en sí y la pasión por los fierros. La historia que les voy a relatar no sé si será de las mejores que me pasó pero si definitivamente la que más marcó en mi vida.

Desde muy chico mi viejo me llevaba a andar en la Vespa que era de mi abuelo, y por alguna razón esa moto no estuvo más entre nosotros. Creo que ahí fue cuando en algún lugar se despertó mi pasión, él me contaba siempre de sus andanzas de joven con las Zanella o Gilera de los años 70. En resumen a los 7 años llega a mi casa una Zanella V1 de arranque a pedales, (para mí era como un R1 actual) fue ahí que empecé a andar en moto. Pasó el tiempo y siempre tuve la chispa de correr en moto, siendo que mi viejo me contaba que alguna vez el corrió y me decía lo lindo que era.

Eduardo Menéndez, el padre de Gustavo.

Tuve varias motos de calle hasta que un día, por inseguridad y ante la preocupación de mi vieja, decidí venderlas para darle tranquilidad. Pero llegado el 2002 y con un grupo que corría en 200 Nacional de Pista, decidí armar mi primera moto de carrera. Costó pero a la vieja la convencí de que las pistas eran más seguras. Mi viejo obviamente comenzó a acompañarme, podía ver que en su rostro ese niño que alguna vez corrió estaba vivo y sonriente. Entonces decidí proponerle si quería que armáramos una moto juntos para que el corriera, aceptó sin dudar. Fue ahí donde compartimos tarde y fines de semana modificando y preparando la moto.

Llego el día de ponerla en pista y fue uno de los mejores momentos que me quedaron guardados. Su sonrisa en el dentro del casco, su intensa emoción y, a pesar de que en ese entonces ya era veterano, vi que volvió a ser joven. La moto ese día tuvo una falla que no podíamos encontrar y no andaba, pero no importó; fue la primera carrera de muchas que compartimos juntos. También estaban los entrenamientos que íbamos girar y a divertirnos, donde posteriormente comíamos un asado entre amigos.

Recuerdo que en uno de los entrenamientos, con un amigo de la familia al viejo lo volvimos un poco loco. Él iba a disfrutar del andar, nosotros ya teníamos tiempos de vuelta más rápidos, entonces cada vez que lo cruzábamos en la pista alguna maldad le hacíamos, sanguchito en la recta, tocarle la cola, etc. Fue una jornada muy divertida y que hoy con mi amigo la seguimos recordando”.

Gustavo con su amigo, listos para salir a pista.

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El adiós a Nélida “Nelly” Iglesias, la madre de los motociclistas argentinos

Este miércoles se comunicó el fallecimiento de Nélida Iglesias, “la abuela motoquera”, o “la madre de todos los motociclistas”, como la conocían todos los motoviajeros argentinos.

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El mundo de las dos ruedas de Argentina se viste de luto para despedir a una de las pioneras de las motos, Nélida “Nelly” Iglesias. No solamente fue una amante de las motocicletas y una fierrera de ley, estamos hablando de la primera mujer del país en conseguir la licencia de conducir profesional. Sin embargo, todos la recuerdan como la madre de los motociclistas argentinos, esa que iba a cuanto motoencuentro pudiese, que con su solidaridad andaba y desandaba las rutas.

Nelly nació en 1928, en Florida, provincia de Buenos Aires; apenas tenía 16 años y ya manejaba camiones, con su registro profesional. Pero el verdadero vuelco en su vida lo dio a los 57 años, cuando quedó viuda. Allí comenzó su recorrido en dos ruedas, con una Honda C90, y no paró más.

Porque fue a partir de ese momento en que Nelly se metió de lleno en el mundo de las motocicletas. Empezó a viajar por todo el país, haciendo más de 400.000 km; en su casa se lucían miles de recuerdos, y decenas de homenajes de diferentes ciudades. Es que Nélida dejaba su huella por donde iba, y se hacía amiga de cada motociclista con el que habla en los motoencuentros; se convirtió pronto en una verdadera estrella de las dos ruedas.

“En la moto vivís una sensación distinta, en un coche vas entre cuatro latas, como si fueras una sardina. En una moto te pueden pasar cualquier cosa, pero vivís de otra manera”.

Nélida “Nelly” Iglesias. 1928-2020.

Gustavo Chizzo Nápoli, cantante de La Renga, se inspiró en ella para escribir “Motoralmaisangre”, incluido en el álbum “La Esquina del Infinito”. Por supuesto, El Chizzo y Nelly pudieron conocerse, el músico hasta tuvo el placer de cantarle en vivo el tema, para el cumpleaños n°90 de Nélida.

También tiene una autobiografía autorizada “A mí me llaman la abuela Nelly”, escrita por Gonzalo Augusto Firpo. “Hice lo que se necesita en la vida. Planté un árbol, tuve una hija y no escribí un libro pero me escribieron uno”, dijo alguna vez esta longeva motociclista.

“Le tengo que agradecer toda mi vida y toda mi alegría al motociclismo”, contó en una entrevista a Infobae. Sin saber que en realidad los motociclistas (y en especial las mujeres) son quienes están agradecidos con ella, por ser una pionera femenina en un mundo de hombres, por mostrar su calidez y su solidaridad en cada motoencuentro.

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