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La Simson Awo 425s: Un desafío de taberna

Hoy contamos una historia de Sebastián Gonzalez Moran, un motorista de alma y miembro fundador del Club de Motos Los Pistones Rotos Chillan, de Chile.

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Modelo: Simson Awo 425s, año 1956
Dueño: Sebastián Alberto Gonzalez Morán

Hoy contamos una historia de Sebastián Gonzalez Moran, un motorista de alma y miembro fundador del Club de Motos Los Pistones Rotos Chillan, de Chile.

La relación de Sebastián con la Simson Awo 425s comenzó hace 25 años.

Una noche del 92, Sebastián jugaba un pool con sus amigos y, mientras esperaba su turno, observó a unos metros un bulto de telas tapado de tierra. Curioso e insistente, descubrió que lo que descansaba en ese rincón del local era una moto abandonada. Inmediatamente consultó si eso que apenas asomaba estaba en venta, a lo que el propietario –del local y de la moto- lo desafió a ponerla en marcha, ya que hacía siete años que ello no ocurría.  El dueño, muy confiado, aseguró que si eso pasaba le vendía la Simson Awo 1956, de fabricación alemana, en sólo 70.000 pesos chilenos. Una afrenta y una gran oportunidad.

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Sebastián y sus amigos pusieron en pausa la partida de pool y juntos pusieron manos a la obra en plena vereda: le cambiaron una bujía, regularon el platino, le pusieron algo de combustible y la empujaron. La moto, contra todos los pronósticos, finalmente arrancó. Su ex dueño, algo asombrado, debió cerrar la improvisada operación de acuerdo a lo convenido. Sebastián, gracias al aporte económico de un amigo, logró concretar la informal compra y volver a casa acompañado por una Simson.

La moto cambió mágicamente de manos y, de esa forma rocambolesca, no solo cambió su vida sino también la de Sebastian, quien convirtió a la Simson en su compañera de aventuras y, en una de ellas, conoció a quien hoy es su mujer.

Es llamativa la coincidencia de que esta historia tenga a una Simson como protagonista. Esta fantástica marca germana fundada en 1856, fabricó máquinas durante más de 150 años. Caminos de Cordillera, ciudades del territorio chileno, y hasta la creación del Club de Motos del que él forma parte, tienen que ver con esta elegante motocicleta de 425 centímetros cúbicos bautizada por su orgulloso dueño como Vagabunda Destructora Fantasma de la Noche.

La Simson pasó de estar sosteniendo telas en un rincón de un bar a formar parte de la familia Gonzalez Morán, donde desde 2007 tiene una hermana menor, la  Lambretta Li150 bien italiana. Otra historia digna de ser parte de Historias de Moto.

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4 Comentarios

4 Comments

  1. Coyote...-

    27 junio, 2017 at 1:44 pm

    Saluď por ello!

  2. Guillermo Amiunes

    28 junio, 2017 at 8:15 am

    Hola tengo una Guzzi modelo 60 como hago para publicarla

  3. Fernando

    29 junio, 2017 at 4:59 pm

    Muy buena historia, pensar que hay mucha gente, que deja una parte de su vida y de su historia, tapada con un trapo mugrogo en un rincon… y años despues aparece alguien que le devuelve la magia a ese artefacto misterioso, que puede dar alegrias y tristezas … ( sinceramente… yo estoy pasando un momento triste, ya que tuve un accidente de moto, hace 11 meses, y aun sigo sin poder recuperarme, no puedo conseguir fondos para comprar el clavo para mi tibia, y que me operen de nuevo para curarme la infeccion que me provocaron en el hospital donde me atendieron ese dia… detalles aparte… ) pero si, el motoquero y su corcel, siempre tienen historias para contar =)

  4. edson

    30 octubre, 2018 at 9:43 pm

    hola tengo una simson

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Entrevistas

Isabel Veliz: “La moto me enseñó a vivir y me hizo completamente feliz”

Entró al mundo de las motos a los 49 años y se enamoró de las dos ruedas. Hoy, con 56 años disfruta de las rutas con su Avenger 220, viajando sola o con amigos.

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Hace siete años, Isabel Veliz se mudó desde Monteros hasta San Miguel de Tucumán, para acompañar a sus hijos que comenzaron a estudiar en la universidad de la capital norteña. Con 49 años comenzó su nueva vida en la ciudad, no tenía amigos, ni conocía a nadie. Un día, en la plaza vio un grupo de motociclistas reunidos, “me arrimé y les pregunté, los conocí y ellos me invitaron a tomar mates”. Pronto comenzaron a invitarla a salir los fines de semana, pero como ella no tenía moto, viajaba con su nueva amiga, María Elena, “ella pasaba y me buscaba, así fue que los fui conociendo y me fue gustando”.

Pero la madre de María Elena enfermó y ya no podía llevarla a todos los encuentros. “Yo comencé a extrañar las salidas de los fin de semana, porque tampoco estaba muy acostumbrada a vivir en un departamento, yo venía de vivir en una casa y también en la montaña, en Tafí del Valle; o sea, más acostumbrada al aire libre que a un departamento”. En ese momento compró su primera moto, una Guerrero GMX 150 y volvió salir con distintos grupos de motos, entonces se dio cuenta que ya no estaba sola en San Miguel de Tucumán, “ya tenía, no un amigo, si no muchos amigos”.

Cuando Isabel comenzó a andar en moto recibió mucho apoyo de su grupo, que la inició en el mundo de las dos ruedas: “Yo no tenía ni idea. Soy profe de Educación Física; vivía para mi trabajo, para criar a mis hijos, para mi casa, pero los hijos van creciendo, están en la facultad…” Sus amigos: “me llevaron, me enseñaron y me cuidaron. Tal es así que ya sé cómo cambiar el aceite a la moto, por dónde lo que hay que ajustar, qué es lo que tenés que tener en cuenta para armar un equipaje, cuántos kilómetros vas a andar, cuando le tenés que hacer un cambio de aceite, cuánto lleva tu moto de aire en la rueda trasera y la delantera, si vas andar por ripio cómo tienen que estar las gomas… Creo que hasta aquí voy aprendiendo bien todo lo que mis amigos me enseñan”. Además, se juntó con “viejos” moteros en los encuentros: “Son una enciclopedia de rutas, un Atlas. Ellos te van a decir ‘esta ruta está bien’, ‘esta ruta te queda más corta’, ‘Mira hija si vas a hacer esta ruta de San Luis a San Rafael, llevate bidones de nafta’”.

Primero se animó a viajar hasta Termas, donde fue a un encuentro y conoció motociclistas de otras provincias; en ese encuentro trabó amistad con un grupo de La Rioja y tiempo después viajó a visitarlos: “Fue mi primer viaje largo, ahí me esperaban los chicos, me llevaron a conocer la Ruta de la Costa, que es muy bonita”.

En un grupo de WhatsApp se hizo amiga de una chica de Mendoza: “le dije ‘andru voy a ir a conocerte y a tomar unos vinos con vos’, ella me dijo ‘sí, bueno te espero’ y nunca pensó que yo iba a ir a Mendoza… conocí a mi amiga y a otras chicas de su grupo que también andaban en moto, se llamaban Legión”.

“En mi GMX me fui a Chile, con una moto 150 me fui y crucé la cordillera, crucé Los Caracoles… Yo pensaba que no iba a poder subirlos, pero lo subí. Volví a mi casa feliz, porque conocí una motoposada para los viajeros en La Calera, Chile, que me recomendaron los chicos de Mendoza, que ya eran mis amigos, así que me hospede ahí;  conocí un matrimonio hermoso que me dio el hospedaje me llevaron a pasear por toda la costa chilena, Viña, Reñaca, y toda esa parte”, nos cuenta Isabel.

Desde ahí “cada vez me fui más lejos, más lejos, y más lejos. Me compré otra moto, ahora tengo una Avenger 220, con la que también me fui a Chile, a visitar a una gente amiga en Chanco, Marcelo y su amigo”. Ese fue “el viaje más feliz de mi vida”, porque fue con uno de sus hijos, “él en su Rouser 200 y yo en mi Avenger 220. Llegamos al Punto 0 de la Panamericana, en la Isla de Chiloé, recorrimos todo el sur de Chile, hicimos el Volcán Osorno, Frutillar, y nos volvimos a Chanco, desde allá de nuevo hasta Tucumán. Hicimos con mi hijo 7000 km entre ida y vuelta”. Pero luego nos aclaró: “Le gusta también andar en moto, pero no como a mí. Me acompañó en ese viaje y es el único que hizo, se mueve acá en moto pero no viaja”.

Isable se animó a ir por todo tipo de rutas, gracias a los ánimos que recibió y también los conocimientos que aprendió, sin importar el modelo de moto que conduce: “Por más que sea una custom me animé a llevarla al Parque Nacional Calilegua que es todo tierra colorada algo de ripio. Hice la (ruta) 40 hasta Cachi y varias rutas que no son asfaltadas. Mi moto no es para eso, pero va despacio, y despacito se llega lejos”.

“Vos sos uno con tu moto y sabés que la tenés que cuidar porque no es lo mismo un viaje corto que un viaje largo”, reflexionó: “Hay gente que dice ‘me voy a 200 km’ y es como si fuese un súper viaje, pero no para mí es un viaje corto. Yo me voy a comer un Dorado en Loreto y hago 600 km, me voy 300 y al otro día 300 para volver, porque amo estar en la ruta con la moto, porque no me cansa andar en moto. Yo tengo un auto, puedo viajar en auto, pero no quiero, no me gusta, prefiero viajar en moto porque es mi pasión, porque amo. Me siento parte de mi entorno, no me importa que me de calor, me dirás que es una locura, pero cada loco con su tema”.

Uno va aprendiendo a medida que hace kilómetros, a medida que va haciendo el camino, porque uno va aprendiendo de lo que experimenta, de lo que vive, de los desafíos que se le presentan, de cómo lo va sorteando. Porque no todo es bonito, hay veces que te pasan cosas y son aprendizajes es como la vida, en la vida te pasan cosas lindas y no tan lindas, pero lo importante es superarlo, crecer y aprender de eso que uno llama error, pero yo lo llamo aprendizaje”, comenta.

Ahora estoy por hacer unos kilómetros a Santiago Del Estero a despedir a un amigo que se va a Goya y que después va a emprender un viaje a Ushuaia; lleva la bandera de los de los ex combatientes de Malvinas, va a ir firmando la bandera, también anda en moto y está por comenzar su viaje”, nos relata un rato antes de salir a la ruta, “me voy a ir con mis amigos del mundo de las motos a Santiago del Estero”.

“Siempre digo cada vez que me preguntan, el mundo de las dos ruedas cambió totalmente mi vida. Aprendí a ver la vida de otra manera, la moto me enseñó a vivir y me hizo completamente feliz, antes era feliz, porque cada etapa de mi vida la viví feliz, pero ahora soy más feliz todavía con la moto. El mundo de las motos me trajo todo: paisajes hermosos, nuevos desafíos, aprendizajes enormes y grandes amigos. Cada día disfruto más de los paisajes y de mis amigos, ellos siempre están conmigo”, finaliza Isabel.

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41 años después, recuperaron una Vespa 50 Special robada

Por una casualidad, la policía italiana encontró un scooter que había sido robado hace cuatro décadas atrás, por si fuera poco, todavía funciona. Te contamos la historia completa.

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Cuántas historias de motos recuperadas conocemos, por suerte, y esta es otra más, aunque con un condimento muy especial. Esta Vespa 50 Special fue encontrada 41 años después de haber sido sustraída de una casa en la ciudad de Buti, en Pisa, Italia. Además, no pudo ser devuelta a su dueño original, ya que falleció, por lo que quedó en manos de su familia.

Cuatro décadas después y a 100 km

El verdadero comienzo de esta novela es en 1980, cuando una Vespa Special 50 fue sustraída de la casa de Gino Graziani, hombre galardonado con la medalla de honor de Pisa por haber sobrevivido a los campos de concentración durante el nazismo. Este italiano, fallecido en 1992, nunca pudo recuperar su amado scooter, que le servía como transporte para trabajar.

Luego, el salto en el tiempo nos lleva a 2021, con un grupo de carabineros buscando un tractor robado, localizado en un cobertizo en Castelfranco Piandiscò, provincia de Arezzo. Allí mismo, además de encontrar el vehículo, descubrieron una Vespa que tampoco le pertenecía al dueño de casa.

La vespina estaba intacta y en funcionamiento; gracias a su perfecto estado pudieron usar el número de chasis para rastrear al verdadero dueño del scooter, Gino Graziani, que vivió a más de 100 km del lugar donde encontraron el scooter. El hombre falleció hace tiempo, pero dieron con su familia y se comunicaron con su hijo, Paolo, de 68 años, quien recibió la feliz noticia.

Al principio no quería creerlo, todo me parecía muy extraño, ni siquiera recordaba ese robo”, aceptó Paolo y explicó: “Soy sincero, estaba indeciso. Pregunté a los carabineros locales que conozco y me confirmaron que ese descubrimiento inesperado era cierto. Hablé con mi hermana sobre eso para entender qué origen tenía toda la historia y luego recordé que en 1980 yo había hecho la denuncia”.

Una vez pasado ese olvido momentáneo, Paolo recordó: “A mi padre le gustaba mucho esa Vespa. Fue útil para ir a obras de construcción. Trabajaba como albañil y el vehículo era cómodo para moverse entre Pisa y la costa. Después del robo se vio obligado a moverse en bicicleta y no estaba muy feliz”.

Sigue funcionando, lo arranqué y tiene problemas”, comentó con alegría y finalizó: “Todavía quedaba algo de mezcla en el tanque, aunque no puedo usarlo en la calle porque debería estar registrado. Pero una cosa quiero hacer en memoria de mi padre, en su tumba coloqué una foto de la medalla, ahora también arreglaré una con su amada Vespa”.

Fuente: Iltirreno.gelocal.it

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Recorrió China con su moto durante 24 años para encontrar a su hijo

La historia de Guo Gangtang se hizo mundialmente conocida esta semana, luego de reencontrarse con su hijo a quien buscó durante 24 años. Te contamos su historia.

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Sin duda las motos son uno de los vehículos más utilizados en Asia, y justamente fue el elegido por Guo Gangtang para salir a buscar a su hijo. El hombre recorrió nada menos que 500.000 kilómetros en su dos ruedas, atravesando China mientras ondeaba una bandera con la fotografía del niño y repetía la frase: “Mi hijo se llama Guo XinZhen, nació en abril de 1995 y tiene una cicatriz en el meñique de su pie izquierdo”.

24 años sin descanso

El 21 de septiembre de 1997, Guo Xinzhen fue secuestrado mientras jugaba en la vereda de su casa, en la provincia de Shandong, China. El niño tenía dos años y cinco meses cuando fue raptado por una red de trata, que vendía bebés o chicos, siempre varones, a las familias que querían hijos hombres para “continuar con el apellido”. Eran épocas en las que el gobierno chino limitaba la cantidad de descendientes.

En el objetivo de encontrar a su hijo, Guo Gangtang comenzó una búsqueda incansable sobre una moto, con banderas con fotos del niño que ondeaban en la parte trasera. Eligió ir en motocicleta por ser un vehículo más económico, además de poder acceder a más caminos que si fuese en auto.

En 24 años, este hombre usó una decena de motos en los más de 500.000 km que recorrió, mientras seguía las pistas que habían dejado los secuestradores. Durmió a la intemperie, gastó todos sus ahorros, pidió limosna, tuvo accidentes, incluso sufrió robos. Se unió a otras personas que buscaban a sus familiares secuestrados, gracias a sus investigaciones privadas logró encontrar más de 100 niños raptados.

La vida que llevó Guo Gangtang inspiró una película, “Lost and Love”, estrenada en 2015, fue protagonizada por Andy Lau, uno de los actores más famosos de Hong Kong. Allí se mostró el gran recorrido que hizo este hombre andando en moto y pasando por todas las provincias de China.

Según los informes, Guo XinZhen fue vendido a una familia en la provincia de Henan, y seguía viviendo en la misma zona. Luego de ser encontrado fue sometido a una prueba de ADN, y el Ministerio de Seguridad Pública de China confirmó que se trataba del niño secuestrado. Así Guo Gangtang dio por terminado su interminable viaje en moto, y pudo volver a ver a su hijo.

Fuente: SCMP.com

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